domingo, 31 de julio de 2016

El mundo de las mareas

De su variedad y complejidad

Playa gallega
En verano cuando la gente va a la playa en la costa atlántica, una de las cosas que suele llamar más la atención de los primerizos, es el distinto paisaje que vislumbran según la hora en que lo hagan. Unas veces se encontrarán con el agua lindando su máxima expansión y en otras descubrirán todo un universo cuando las aguas se retiran.

Este ritmo constante e inmutable de las mareas crea un espacio único, conocido por intermareal, poblado por su propia fauna y flora. Explorarlo es toda una experiencia positiva y sirve de entretenimiento a mayores y pequeños, como complemento para un día de sol y playa.

Uno, que ha tenido la suerte de vivir cerca de estos lugares abiertos al Océano Atlántico, ha podido disfrutar desde muy pequeño de toda la riqueza de estas costas gallegas.

Mi madre, sobretodo, que utilizaba la playa como lugar de guardería para su prole en verano, no había domingo ni festivo que nos dejara sin la consabida visita a una de estas hermosas playas. Momento que aprovechábamos para investigar todo lo que ese mundo ofrece.

Recuerdo pasarme horas escrutando todas las fisuras en las rocas, en marea baja, a la busca de cualquier cosa que se moviera. Más por curiosidad que por apetito.

En aquellos años, la gente no iba de forma masiva a las playas y éstas eran un lugar cuasi virgen, donde te podías encontrar desde pulpos a nécoras en las dichas oquedades que, entre las rocas, la marea dejaba al descubierto.

Hoy, me resulta casi imposible sufrir horas de playa sin alguna que otra investigación en ese mundo.

Naturalmente ya no es lo mismo.

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