jueves, 7 de enero de 2016

Ser socialista

Desde la igualdad, la solidaridad y la fraternidad


El Partido Socialista Obrero Español, no se entendería sin conocer a uno de sus fundadores: Pablo Iglesias Posse, ejemplo de decencia y honradez personal.

Hace, ya, muchos años que el PSOE perdió el norte, cuando de un partido de masas se quiso convertir en un partido de cuadros y de ahí vino su decadencia.

Pero, todavía, atesora en el corazón de muchos españoles la esperanza de su resurrección, cual Ave Fénix que resurge de sus cenizas.

Hoy, tiene una oportunidad histórica para volver a ser el partido socialista que España necesita, aquel que desea la igualdad entre todos, la solidaridad de la clase trabajadora y la fraternidad con todos los pueblos del Mundo.

Durante muchos años, demasiados diría yo, se ha dejado tentar por los cantos de sirena del mundo capitalista-liberal y ha quedado demostrado que ese mundo no es el suyo.

Intentar hacer creer que la diferencia de clases ha sido superada, es una enorme falacia del mundo actual, claro que existen clases sociales: Los ricos, muy ricos y los pobres, muy pobres.

Esta Sociedad, como está adormecida, no se entera que está al borde de una explosión social revolucionaria, cuando condena a una parte importante al subempleo, la explotación laboral y el salario ínfimo.

¿Qué más se necesita para que todo salte por los aires?

Si creen que, con los medios de propaganda del sistema (léase medios de información y comunicación), tienen controlado el cotarro, están muy equivocados.

Las ideas son muy poderosas y, ahora, es el momento de pasar a la acción con un gobierno de mayoría que impulse una nueva concepción de las relaciones laborales, una educación pública para todos, una sanidad pública generalizada, una política anti-corrupción eficaz y una nueva visión de España, más solidaria, por supuesto reconociendo la diversidad de pueblos que vivimos en el mismo territorio, cada uno con sus características identitarias; ya está bien de hacer el juego a esa derecha carpetovetónica que nos quiere uniformar.

La empresa es de tal envergadura que se necesita a todos, o todos nos salvamos o nos tendríamos que resignar a vivir como esclavos.

Yo, no me resigno.

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