viernes, 18 de septiembre de 2015

Política de ineptos

¡Hasta aquí nos han llevado estos cretinos!

Cataluña en España
Que España arrastra un grave problema territorial, desde siglos, es tan evidente que es de necios ignorarlo y mucho más grave es el encono con que se tratan las diferencias culturales, lingüistas, estructurales, sociales, etc.

En lugar de gobernar para todos, se gobierna para unos despreciando el sentir de los otros.

Con esa visión centralista del Estado Español, y una miopía política fruto de sus propias carencias democráticas, históricas y de clase, este Gobierno respaldado por el Partido Popular (heredero de la derecha franquista), con su mayoría absoluta en las Cortes, ha negado cualquier dialogo a los representantes de Cataluña, capándoles el Estatuto de Autonomía con su recurso al Tribunal Constitucional una vez aprobado en referéndum por el pueblo catalán (curiosamente el P.P. aprobó un estatuto similar en la Comunidad Valenciana, eso sí en esta comunidad gobernaban ellos), negando la negociación de un concierto económico más justo, invitando a la ciudadanía a no consumir productos catalanes, esto último ha sido una aportación del P.P. “al dialogo”.

Por otra parte desde Convergencia y la Generalitat, se ha practicado una política de víctima (en parte justificada) y ante una situación de bloqueo político por falta de voluntad de dialogo del gobierno central han optado por un órdago independentista como solución final.

España y los españoles no merecemos semejante tropa política dirigiendo los destinos de todos.

Carecemos de políticos que piensen y actúen en beneficio del bien común, tan solo se preocupan de mantenerse en el poder, favorecer a los suyos y utilizar la demagogia más ramplona para intentar ganar las próximas elecciones. Después, ¡ya veremos!

Esta forma de hacer política, a salto de mata, nos ha traído hasta aquí. Para enfrentar a Cataluña con España y a España con Cataluña no fueron elegidos y como no tenemos mecanismos democráticos para apear del poder a quien nos mal gobierna, no nos queda más solución que contemplar como la ineptitud nos lleva al precipicio.

La democracia exige diálogo y consenso. Despreciarlos como signo de debilidad es el mayor error que se puede cometer.

No es débil un gobierno que dialoga e intenta llegar a acuerdos, es insensato quien impone su opinión sin medir las consecuencias.