sábado, 24 de diciembre de 2011

¿Qué socialismo?

Aportación al debate del PSOE

Pablo Iglesias PosseEl socialismo democrático, después de la II Guerra Mundial, dio a las personas supervivientes una nueva esperanza y razón para poder levantar el ánimo y luchar por un Mundo mejor.

En los años transcurridos, desde 1945 hasta la caída del Imperio Ruso (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS), la socialdemocracia garantizó en los países de la Europa occidental, con su política de libertades y participación de los trabajadores dentro de la cogestión empresarial, el clima de libertad dentro de una justicia redistributiva, con más y mejores leyes sociales, que llevaron a un mejor reparto de la riqueza generada.

Ese periodo fue clave para asentar la recuperación Europea que conoció el mayor desarrollo de su historia. Y el socialismo democrático estuvo a la vanguardia en todo el proceso. Posiblemente todavía pesaba y mucho el recuerdo de los desastres que, los nacionalismos y rivalidades históricas habían asolado el espacio europeo y diezmado a sus habitantes.

Pero la disolución de la URSS, como azucarillo en café caliente, victima de sus propias contradicciones y la “ayuda” del amigo americano, pusieron de relieve (de nuevo) que el egoísmo, la avaricia y el afán de dominio del hombre sobre el mismo ser humano, no se había terminado, tan solo se había tomado un descanso en Europa.

Hundirse la URSS y volver el capitalismo feroz, fue todo uno. Al grito de ¡Vivan los mercados! Se estableció un nuevo paradigma: La Globalización. Que poco más o menos vino a decir: Lo importante es el beneficio, lo demás es accesorio.

Y de un mundo pensado para el hombre se transformó en el mundo del dinero, sin tapujos.

A esta nueva doctrina se fueron sumando los Estados europeos, unos de motu propio y otros arrastrados por una dinámica salvaje que nos retrotraía a la ley del más fuerte. ¡Otra vez!

Pero esta vez no nos eliminaban físicamente, tan solo nos colonizaban económicamente.

Al principio nos fueron comprando, con electrodomésticos, haciéndonos la vida más cómoda y para cuando nos quisimos dar cuenta, en realidad ya estábamos tan alienados con nuestro nuevo rol de consumidores que, ya nos habíamos olvidado de ser otra cosa. Naturalmente, todo ello fue debidamente engrasado con dinero, bálsamo de Fierabrás, que compró voluntades, espíritus corruptos (a la espera de comprador) y fuerzas afines que veían la oportunidad de enriquecerse rápidamente, que al fin al cabo era lo que daba sentido a su vida.

Por el camino, los viejos líderes socialistas, se fueron muriendo y las nuevas generaciones carecían de referentes para valorar lo que estaban perdiendo. Piénsese sino: ¿Qué es más importante tener el último cacharrito de Apple, para sentirse realizado, o navegar a contracorriente de la moda que te imponen y pensar en uno mismo, su realidad y por consiguiente en tu prójimo?

A estas alturas los alienados ya habrán dejado de leer (vaya rollo me está colando éste) y los otros pocos se preguntaran que si, que ya lo saben, pero que pueden hacer.

No soy tan pretencioso como para afirmar saberlo, pero puedo dar mi opinión de lo necesitamos:

Necesitamos volver a situar al ser humano como centro de nuestro desarrollo.
Necesitamos orientar la economía para satisfacer las necesidades del pueblo y no de unos cuantos que, a costa del pueblo, solo buscan su beneficio.
Necesitamos que la justicia sea redistributiva, más para el que tiene menos y a cada uno según sus necesidades.
Pero sobre todo necesitamos, cultivar al ser humano, más educación, mejor sanidad, viviendas a precios asequibles en régimen de alquiler y desterrar de nuestro universo la especulación, la corrupción, el amiguismo (seguro que a usted se le ocurren más cosas).

La democracia es la base de cualquier sistema que busque la igualdad entre los hombres, sin ella estamos desprotegidos ante las muchas fuerzas que, demostrado queda, están pendientes de cualquier flaqueza para apoderarse de nuestros recursos, utilizarnos como mano de obra barata y reducirnos a un estado de cuasi esclavitud por un salario (cuando lo hay) que tan solo vale para la supervivencia.

Los viejos socialistas, por experiencia propia, nos decían que el ser humano debe pelear para, cada día, tener 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y las otras 8 horas para su formación, tal era la importancia que le daban a esta última, al objeto de conseguir un pueblo de personas dueñas de su destino.

En la actual situación, no tenemos otra alternativa si nos queremos seguir considerando seres humanos.

¡VIVA EL SOCIALISMO!

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