lunes, 26 de enero de 2009

Temporal

Cuando un suceso desencadena una tormenta

Barco de velaHace ya muchos años, vivía en un lugar del oeste gallego una rapaciña muy fermosa que se había enamorado de un rapaz, algo mayor que ella, sin que él supiera nada. Ella, cada día se acercaba al puerto para desde la distancia ver su barco llegar, después de una jornada de pesca, con la esperanza de verlo y el secreto deseo que se fijara en ella.

Un día, en el que se había levantado un temporal de viento y mar muy fuerte, ella, como cada día, acudió al muelle y, poco a poco, los escasos barcos que se habían atrevido a salir iban regresando.

Al cabo de un rato todo el pueblo estaba arremolinado en el puerto con la angustia en el rostro y el miedo en el alma, solo faltaba él por volver.

Pasaron las horas y no aparecía, ni llegaban noticias, la angustia dio paso a la desesperación, la gente ya ni hablaba, solo esperaba un milagro.

Ella, entonces, se dio cuenta que no podría vivir sin él y se dijo que este amor no podría morir antes de empezar y no aceptó la idea de no volver a verlo. Se dijo que aquel hombre vivía y viviría muchos años, para entre los dos hacer un mundo feliz.

Cuando, a lo lejos, apareció la silueta de la vela de su barco, toda la gente prorrumpió en gritos de alegría y lo que antes era tristeza, ahora era felicidad.

Cuando puso el pie en el muelle, una rapaciña le dio un beso.

Aquel marinero, de piel curtida y cicatrices en el corazón, había perdido la esperanza de volver a enamorarse, tan solo esperaba de la vida algo de placidez y paz interior. Cuando aquella rapaciña lo besó, se sintió rejuvenecer y experimentó la dicha del naufrago que lo rescatan cuando ya ha desistido de pelear con el mar y se ha abandonado a su suerte, no es posible, pensó, que me pueda estar ocurriendo esto.

La lucha que en su interior se estableció, fue épica, por un lado le parecía una locura enamorarse de una joven y por otro su loco corazón le daba alas para sobrevolar todas las dificultades que su razón le ponía a la vista.

Al final pesó más el amor que la razón, y dicen en el pueblo que, jamás pareja alguna ha estado más enamorada.

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