viernes, 14 de noviembre de 2008

Relación de poder

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Relación de poder Pepe, es un empleado fiel y trabajador en su empresa, el Banco del Occidente, S.A., últimamente está bastante preocupado con su situación laboral, a la vista de la crisis galopante en la que su mundo está inmerso, no tiene nada claro su futuro.

Un día se le acercó un compañero, bueno en realidad no se le debería llamar así, más bien, un jefe indirecto, toda vez que Tomás, que así se llama, es una especie de secretario del Presidente del Consejo de Administración, D. Estanislao, que también es el único propietario, de lo que se viene en llamar un banco regional, el caso es que, Tomás invitó a tomar un café a Pepe y charlando como quien no quiere la cosa le dijo:

Ya sabes que me acaban de nombrar representante de Seguros La Fortaleza para esta zona y como tú eres una persona que estas muy metido en eso de Internet, ¿no podrías hacer algo para darme un poco de publicidad con esto de los seguros?

Pepe miró al suelo, haciendo tiempo, y se dio cuenta que Tomás tenía mano con el Presi y tal y como estaban las cosas no convenía indisponerse con quien tenía confidencias con el dueño, así que, con una sonrisa dijo: Naturalmente hombre, para que estamos los compañeros, sino.

Ya sabía que no me fallarías, dijo Tomás, y añadió: Ya me decía el otro día D. Estanislao que eras un hombre que apuntaba maneras. Te viene siguiendo, sabes. Dice que está pensando un posible ascenso y te tiene en cartera.

Pepe, no se lo podía creer, todas sus incertidumbres desaparecieron por ensalmo.

Llegó a su casa feliz como una lombriz y rápidamente le dijo a María, su esposa, se acabaron nuestras preocupaciones, me van a ascender.

María saltaba de alegría y los niños la miraban extrañados, mientras Pepe no cabía en si de gozo.

Al día siguiente, se dirigió a Tomás para hacerse cargo de la publicidad de los seguros y éste le explicó que le podía ayudar empezando por sus amistades, familia y conocidos, al mismo tiempo que le hacía una página Web desde la que pudiera publicitarse.

Pepe, que no había previsto lo de las amistades, familia y conocidos, se quedó un poco parado. ¿No te interesa? Le preguntó Tomás. No, no es eso, estaba pensando, respondió Pepe.

Entonces ya sabes, mira, estos son los folletos y estos otros son los contratos de las pólizas. Haber si ya en esta semana haces 15 o 20, ¿de acuerdo Pepe?

Pepe se quedó con la boca abierta hasta que Tomás añadió, no te preocupes, hombre, que esto de los seguros es muy fácil.

Cuanto antes empieces mejor para todos, se despidió Tomás.

Esa misma tarde, Pepe, se fue de visita a casa de su madre, de la de su hermana, de la Tía Joaquina, a la que hacía dos años que no veía, pero que sabía que tenía sus ahorrillos, al tío Fermín y así continuó visitando y para su sorpresa haciendo pólizas, todos le querían ayudar.

Al cabo de un mes ya tenía 127 pólizas suscritas y cobradas, unas eran de vida, otras de accidentes, muchas de hogar e incluso tenía dos de decesos y cinco planes de inversión.

Tomás se acercó y le dijo: Oye, ya te daré tu parte de las comisiones en cuanto cobre. No tengas prisa, contestó Pepe, aunque por su fuero interno, cuando vio que Tomás se acercaba, tenía el convencimiento que le iba a pasar el cheque.

Pasaron tres meses más y Tomás cada día le sonreía, pero de darle algo, nones. Él no se atrevía a decirle nada y mira que María lo machacaba todos los días, ¿qué, te ha pagado Tomás? No, se ha pasado el día entero con D. Estanislao, mentía Pepe. Pues haber que vamos hacer, los niños necesitan ropa de invierno y ya no tengo más que para fin de mes, replicaba María.

Aquella cantinela tenía a Pepe desesperado. No sabía como abordar la cuestión con Tomás, tenía miedo de disgustarlo y perder a su padrino con el Jefe.

Una mañana, Tomás lo volvió a invitar a tomar otro café. Nada más sentarse con los dos cortados, le dijo: Chico tengo un disgusto, que no se como decírtelo. Pepe se quedo en suspenso y Tomás añadió: Seguros La Fortaleza, ha quebrado y no se hacen cargo de las pólizas en vigor, ¡con lo que hemos trabajado!

Pepe no se lo podía creer, ante sus ojos desfilaron, su madre, su hermana, su tía Joaquina, el tío Fermín….. ¡Nos engañaste! Le decían todos.

Cuando se repuso un poco, solo pudo decir: ¿Y ahora qué? Ahora nada, contestó Tomás, todas nuestras pólizas son papel mojado.

La ira le empezó a subir a la garganta y de un grito le dijo a Tomás: ¿Cómo que nuestras pólizas?, ¡Mis pólizas, que tu no has hecho ninguna, cabrón! Y no he visto un solo euro de comisión, así que ya puedes ir dándome lo que has cobrado.

Bueno, hombre, no te pongas así, acertó a decir Tomas. Dame una semana que ahora no tengo.

Pasaron dos días y delante de su mesa apareció Tomás con aire circunspecto. Pepe levantó la vista y al ver su semblante se fue poniendo de pie, lentamente.

Chico, ya sabes, lo de la reestructuración de plantilla, el caso es que .. D. Estanislao me acaba de decir que pases por caja a firmar el finiquito. Estás despedido.

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