miércoles, 2 de enero de 2008

Castrito y Bayolo

Dos personajes de mi infancia

Personajes de mi infancia (Doña Urraca del TBO)Castrito era pintor de brocha gorda y bebedor habitual, todo mezclado.

Siempre andaba en bicicleta, una de carreras (como le decíamos los chavales), y siempre de un lado para otro a la busca de no se sabe muy bien que.

Un día le encargaron pintar la fachada de “La Flor de Mayo” (un bar) y como le pagaban en especie, el bueno de Castrito hizo una obra artística digna de mejor empresa.

Una maceta con una flor algo caída, que digo caída, parecía que estaba a punto de morirse de lo mustia que la pintó, y debajo escribió el nombre del bar, “lA fLOr de mAyO”, cada letra de unas dimensiones distintas que las otras, algunas por debajo del nivel, otras por encima, las más caídas y pocas trepando por la pared.

La coña que se generó a cuento de esta “pintada” tuvo entretenida a buena parte de la localidad durante meses.

Al final, el dueño del local tuvo que contratar a otros pintores para arreglar el desaguisado de Castrito.

El pobre, ¡con lo orgulloso que estaba de su obra!

Bayolo, los domingos, que era cuando había cine, se presentaba al lado de la taquilla, en la que el personal sacaba su entrada, para con su camiseta agujereada, panza prominente, aspecto bobalicón y palillo entre los dientes, inspirar la conmiseración suficiente y que alguna que otra peseta cambiara de manos.

Él no pedía, solo esperaba.

A mi me inspiraba un sentimiento entre el asco y las ganas de correr.

Mi hermana y yo, con el chicle “Bazooka”, una vez bien mascadito, hacíamos unas extensiones tipo sábana y cuando se presentaban los agujeros en ella, ya teníamos claro lo que representaba: La camiseta de Bayolo.

¡Ya no quedan personajes así!

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