jueves, 14 de junio de 2007

REGANOSA

Una bomba de tiempo en Ferrol

Planta de REGANOSA en Mugardos (Galicia)

Desde hace unos días, venimos asistiendo a la protesta (explícita) de los mariscadores de la ría de Ferrol, que con sus embarcaciones intentan bloquear la entrada de los barcos gaseros que pretenden descargar su mercancía de gas licuado en las instalaciones de REGANOSA en el interior de dicha ría.

Pero, ¿por qué a estas alturas se producen estos hechos?

Hay que remontarse al período de gobierno en Galicia del Sr. Fraga Iribarne, para entender la concesión a un buen amigo suyo, el Sr. D. Roberto Tojeiro Díaz, de una planta de gas licuado en la Real Villa (dos veces) de Mugardos, en el interior de la ría de Ferrol, cuando ya estaba en construcción un hermoso puerto exterior en la bocana de la misma.

Los intereses personales del Sr. Tojeiro (era propietario de los terrenos en los que hoy se encuentra REGANOSA), mezclados con la desidia (vamos a llamarlo así) del Gobierno Gallego de entonces, los intereses de las compañías eléctricas (ENDESA y Cía.) y la miopía de las fuerzas políticas, con la excepción de mi querido amigo Xaime Bello, por aquel entonces Alcalde de Ferrol, que se opuso frontalmente a la ubicación de esta empresa en ese lugar, dando la alternativa más lógica del puerto exterior, pero al que tildaron de extravagante y no se le hizo caso, tal vez por ser representante del Bloque Nacionalista Galego (BNG) y claro, como ya se sabe: “Estos nacionalistas quieren la ruina de Galicia y no su desarrollo” (Fraga dixit), pues eso, que se aprobó la construcción de la planta gasista delante de los Astilleros de Navantia, Arsenal Militar (base de fragatas de la Armada Española) y ciudad de Ferrol.

¡Una locura!, oiga.

Los mariscadores temen por su medio de vida, dicen que las bajas temperaturas con las que se traslada el gas licuado, unos – 161 º centígrados, harán que las aguas de limpieza de tanques una vez que entren en contacto con las de la ría, producirán una mortalidad elevada en el marisco y peces, poniendo en peligro su actividad.

Hoy, política de hechos consumados, se dice que ya no hay vuelta atrás.

Mucho me temo que esa es la intención, pero Ferrol no puede vivir pendiente de un hilo (o malvivir), pensando que en cualquier momento un accidente tendría consecuencias catastróficas.

Por mucho que los intereses económicos se opongan, la planta tiene que trasladarse al puerto exterior.

El Mundo es de las personas, no de las cosas.

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