sábado, 13 de enero de 2007

Don Victorino

Absoluto

Literatura EspañolaDe esta palabra no tengo recuerdos claros, ni oscuros, esta es la verdad. Siempre he navegado en la mayor de las incertezas.

Lo que si recuerdo es a mi profesor de Literatura Española en el Instituto “Concepción Arenal”, D. Victorino, hijo de Salamanca que ejercía su magisterio en Ferrol, cuando él lo que quería era ser Catedrático en su ciudad. Era un hombre pulcro, bastante afectado y siempre vestía traje de chaqueta, tendría unos seis o siete, entre el negro y el gris, curiosamente todos iguales en su corte, se conoce que D. Victorino tenía un sastre de imaginación limitada, o bien D. Victorino era un ordenancista chapado a la antigua. Yo me inclino por esto último.

Bovino, es decir Bovino, la B pronúnciese “be” y la V como “ufe”.

¡Chico, no sea usted bovino!, era su expresión favorita, cuando algún chaval confundía un soneto con otra forma de poesía o no se acordaba de las obras de Lope de Vega, por la derecha (¿O eso era en Geografía con los afluentes de los ríos principales?, ha pasado tanto tiempo que uno se remite al principio, del artículo, naturalmente).

D. Victorino sabía pronunciar. El caballo, era el cabaillo, tenía muy claro su sitio dentro de su profesión, no como otros que les pasa como al burro del señor Antón, que hablan, pero no “prenuncian”.

Otras veces, con una patilla de sus gafas rozando los labios, cual rapsoda sexagenario al que se le escapa la vida y teme no volver a enamorarse, subido a la tarima, nos declamaba:

¡Que talle, que donaire, que alto cuello de garza!

Va doña Endrina por la plaza.

Y a nuestros oidos llegaba:

¡Que taille, que donaire, que alto cuello de garsa!

Vfa doña Endrina por la plasa.

Nos enseñó a muchos ferrolanos amar la lengua castellana, aún a su pesar, quizás sin su diligencia, tal vez, la hubiéramos aceptado antes.

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