lunes, 3 de julio de 2006

Teoría ferrolana II

Después de la introducción, expongo la teoría

La fragata Blas de Lezo entrando en Ferrol.

Ferrol, como dije en el artículo anterior, tiene sus propias características, sin duda, debido a su origen estatal.

A Coruña, otras muy distintas, pero son dos ciudades, Ferrol y A Coruña, desde toda la vida, una zona de desarrollo económico en Galicia, pero, y aquí viene el pero, viven de espaldas una a la otra, a pesar de ser vecinas y el Golfo Ártabro acogerlas a las dos.

Hasta hoy, Ferrol se centró en el mundo militar y naval. A Coruña, en el mundo comercial y de servicios.

Son complementarias, pero nadie quiso o pudo utilizar esta complementariedad en un proyecto común.

La Ciudad de As Rías, los proyectados puentes de unión, son sueños de visionarios con pocas posibilidades de llevarse a cabo, mientras no se cambien muchas mentalidades.

Cuando en Ferrol se soñó con la Refinería de petróleo, allá por finales de los años cincuenta del siglo XX, la Marina Española se opuso y se llevó A Coruña. Cuando en Ferrol se inicia la construcción de un puerto exterior a la ría, rápidamente A Coruña inicia gestiones para conseguir el suyo. Precisamente este puerto exterior, que debería incluir una planta de descarga de gas licuado y no dentro de la ría, como un disparatado plan, ahora en entredicho con la OPA de Endesa, quiere hacer, es uno de los mejores logros para la vitalidad de Ferrol y comarca.

Por la dependencia de Ferrol de decisiones estatales, a lo largo de los siglos, hoy la iniciativa privada para tomar el relevo necesita de apoyos y ayudas.

La vecindad con A Coruña, más que estímulo ha sido freno en el desarrollo.

Está demasiado cerca y siempre se cobra su precio.

Hoy, con la autopista del Atlántico, hemos acortado la distancia en tiempo horario, pero todavía nos falta lo más importante, ¡el tiempo común!

1 comentario:

  1. O problema non está no Golfo Ártabro. O problema de falta de vertebración é endémico de toda Galicia, e a solución non son grandes obras públicas nin outras cafradas medioambientales, sinon un cambio de mentalidade. Estamos intentando poñernos á altura do s.XX e resulta que xa estamos ben metidos no s. XXI

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