jueves, 13 de julio de 2006

Ladrones

Cuando la infancia acude en tu auxilio

LadrónMi tía Carmiña, rubia y de ojos azules, pero con un carácter de padre y señor mío, se quedó soltera, y no fue por falta de pretendientes, posiblemente a ella no le gustaron lo suficiente y prefirió vestir sobrinos, que, desde luego, no eran santos, en el mejor sentido de la palabra.

Y vaya que si los vistió, cada poco tiempo aparecía la tía Carmiña con un jersey (siempre gris, todavía los niños usábamos pantalón corto y corbata con camisa blanca) de punto inglés y cuello de pico, lana gruesa pero suave, para que mis inviernos, y los del resto de sobrinos, fueran más llevaderos.

Ella, con buen criterio (toda vez que vivíamos en distintas ciudades) los hacía crecederos a ojo de buen cubero (vamos en plan tonel) y recuerdo que yo tuve por lo menos tres, todos muy similares, pero eran calentitos y jugosos.

El caso es que, mi tía Carmiña nos contaba cuentos a la menor oportunidad y un día nos dijo:

Una criada de una casa de la Galicia rural, ya hace muchos años, todas las noches antes de acostarse, miraba debajo de la cama, por miedo a los ladrones. Un día, al mirar, se encontró a un ladrón. Y le dio un soponcio.

¿Usted ha mirado alguna vez si debajo de su cama tiene a un ladrón?

4 comentarios:

  1. Mejor solo que mal acompañado, yo una vez encontré un ladrón en el patio de mi casa, la policía lo redujo. Artabro cuándo voy a verte en mi blog. Saludos.

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  2. Jo, yo he mirado debajo de la cama casi hasta la mayoría de edad... más que en un ladrón pensaba en un asesino en serie, un fantasma, un cadáver o algo similar, qué sé yo... el miedo es así de irracional.

    Como ha salido el tema, es probable que hoy también mire, y eso que la cama que tengo ahora es tan baja que no puede caber nadie por muy anoréxico que esté.

    Un saludo,
    Gemma

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  3. Debaixo da miña cama hai outra cama, así que conformábame con ver dentro do armario e pechalas portas despois.

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  4. Yo debajo de la cama nunca he encontrado más que pelusas, o eso creo yo, porque descubrí que los ladrones pueden adoptar diversas morfologías, como los demonios. Con decirte que una vez encontré uno en forma -aparente, claro está- de amigo, pero que se dedicaba a chupar la sangre a todos cuantos confiaban en él.
    Creo que ahora desconfío hasta de las pelusas.

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