viernes, 2 de junio de 2006

Tortitas

Ella decía que era cierto

Tortitas NopalMi abuela, que se pasó sus primeros años de casada entre México y España, contaba que una amiga suya, mexicana en Veracruz, había probado unas tortitas de una panadería y al parecer le gustaron mucho.

Tanto le gustaron, que se atrevió a preguntar a la dueña del establecimiento la receta de las dichosas tortitas.

La buena mujer se la dio y la amiga de mi abuela se apresuró a probar por si misma el invento.

Su decepción fue grande, las tortitas no tenían el sabor de las originales, pero como era testaruda volvió a intentarlo, esta vez siguió pe a pa todas y cada una de las instrucciones, tanto de harina, tanto de agua, etc. e igualmente con el tiempo y temperatura de la cocina.

Nada de nada, aquellas tortitas no sabían igual.

Al día siguiente se fue a ver a la dueña de la panadería y le comentó que ella había seguido las instrucciones, pero el sabor era muy distinto.

La buena mujer la invitó a pasar a la cocina, para que el propio cocinero le hiciera una demostración de cómo se hacían.

El cocinero, un negro de dos metros y muchos kilos, desnudo de medio cuerpo hacia arriba, precisamente estaba haciendo tortitas. La amiga de mi abuela observaba encantada el proceso, pero de pronto casi le da un vahído, el cocinero palmeando las tortitas, de vez en cuando hacía descanso en una de sus manos y con su palma recogía el sudor que le corría a chorros por su cuerpo.

3 comentarios:

  1. Vaya marranote!

    Creía que iría por otro sitio, pensaba que a lo mejor le habia dado una receta casi correcta variando un ingrediente.

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  2. Gemma, marranote el cocinero, yo solo cuento lo que mi abuela me contó. :-)

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  3. je, je, sin lugar a dudas lo de marranote iba por el cocinero...
    Un beso

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