miércoles, 3 de mayo de 2006

Ancares

Un lugar fuera de la prisa y el estrés

Plano de Ancares

La primera noticia que tuve de los Ancares, data de…, cuando era un niño y en casa, mi padre tuvo la buena ocurrencia de comprar un libro, que se titulaba “Galicia, guía espiritual de una tierra”, que todo hay que decirlo, “es un tocho” y también es verdad, abarca todo.

Su autor, José María Castroviejo, lo hizo con amor y se explayó en él con florido texto y una colección de fotografías (en blanco y negro, donde va la época), que reflejan una Galicia antigua y señorial (algo así como Lisboa), pero que traslucía un atraso y pobreza que rompen el alma. Él, compostelano, enamorado de la caza, había descubierto la sierra de Cervantes como el último reducto de las especies más apreciadas.

Y la caza, mire usted, nos facilitó la creación de este hermoso libro, que visto desde hoy es una verdadera joya de nuestro pasado reciente.

Ahí me admiré del oso, corzo, urogallo, perdiz, liebre y la abundante fauna que sus montes cobijaban.

Pero lo que más me impresionó fueron sus paisajes y, por encima de todo, las pallozas, que parecían salidas de la noche de los tiempos, por no hablar de los tipos humanos que, en fotografía, aparecen.

Años más tarde, tuve la oportunidad de ir varias veces a Ancares, y cada vez que fui salí más impresionado que la anterior.

¡Tal es su belleza!

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