jueves, 12 de enero de 2006

Mi detención

¡Aquel día nefasto!

Detención arbitrária

Como todos los días, a las 7,30 horas, había salido de casa. Esta vez tuve que utilizar las escaleras (o la escalera, no sé muy bien como debo decirlo), el caso es que salí de casa y me encaminé hacia el bar que en mi manzana ya tiene abierto, Manolo, a esa hora. Le pedí un café cortado doble y un croissant, y cuando ya empezaba a disfrutar del primer pitillo mañanero una señora de uniforme azul marino dijo: “Esta usted contraviniendo la Ley”, yo miré a mi alrededor buscando al delincuente que estaba detrás de mí. No había nadie.

Poco después llegaron los refuerzos solicitados y rápidamente me esposaron, sacaron del local y me introdujeron en un coche celular, aunque no se porque les llaman así, era de gasolina y no tenía rastro de ningún panel fotovoltaico, extremo que me intrigó aun más.

Camino de la Comisaría pregunte que pasaba, me habían dado un bocadillo de mortadela y a mí gusta más el jamón, ellos dijeron que era lo que había y gracias.

Empecé a sospechar que me querían aplicar la Ley Antiterrorista y lo del bocata era por si alegaba malos tratos o trato inhumano, eso me ayudo a repasar mis actividades de los últimos días.

De pronto me acorde que no había ayudado al ciego de la ONCE a cruzar la calle dos días antes, esto debe ser me dije ya más aliviado y en esta confianza me acomodé en el asiento y poco a poco me quedé dormido.

Cuando desperté estaba todo oscuro, tenía la boca reseca, aquellos polís, pensé, me debieron narcotizar con la mortadela, ¡malditos cabrones! y a tientas me levante, tropecé y me caí al suelo.

Una voz me dijo: “Cariño, ¿por qué no enciendes la luz?, a mi no me molesta”. Era mi mujer.

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