lunes, 18 de julio de 2005

La desgracia de ser estúpido

Un ejemplo

A garotaÉl se creía inteligente, ya había dado el primer paso para ser un estúpido, pero no lo sabía.

Había estudiado con los curas del OPUS, pero no se creía sus simplezas, él era más inteligente que ellos.

Camino no había enderezado sus pasos, más bien los había torcido. Es cuestión de perspectiva, creía él.

La vida, ese largo discurrir que no nos lleva a ninguna parte, excepto a la muerte, tampoco le enseño nada del otro viernes. Él era un tipo duro.

Precisamente un jueves conoció a Eva, ella si valía la pena, una joven guapa, morena e incluso más lista que él, si tal cosa es posible, eso pensaba él.

Estaba en la playa cuando la vio, aquella chica en bikini lo dejó obnubilado, valiente palabreja, pero él sabía lo que significaba, era un chico inteligente.

Ella ni se fijó en el, tal vez ya sabía lo que merece la pena y lo que no, solo que al notar su presencia y verse observada con indiscreción, como la gente que se cree inteligente sabe hacer, se levantó de la toalla y cual garota banvoleante se dirigió al mar bravo, para zambullirse en él y sacarse al plasta de encima.

Eva, salió radiante del agua, sécose, vistiose y fuese a su casa.

El gili la siguió con la vista, pero no pudo hacer nada, porque nada sabía.

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