martes, 28 de septiembre de 2004

Administrar el caos

La amorfa vida

El caos

Los minerales, casi todos, tienen estructura cristalina, así se le denomina, unos cristalizan en el sistema hexagonal, otros en el triclínico, etc., pero algunos, caso del ópalo, no tienen estructura y se dice que son amorfos.

Yo me pregunto: ¿En qué sistema cristaliza la vida?. Me temo que tampoco tiene estructura definida, luego se puede considerar que es amorfa, si seguimos la evidencia del día a día.

También, haciendo caso de la conocida teoría del caos, la vida está inmersa dentro de sus parámetros. Y siguiendo este razonamiento me vuelvo a preguntar: ¿Quién sabe administrar el caos?.

Algunas personas lo intentan, otros incluso parecen conseguirlo, pero la inmensa mayoría somos marionetas en sus manos.

¿No hay nadie que atine con las reglas de su funcionamiento?.

¡Me gustaría conocerlo! y entrar en su secreto.

viernes, 10 de septiembre de 2004

Bobby Fischer

El arte ajedrecístico

Bobby Fischer¿Qué sería del ajedrez sin él?, puede que usted lector, joven por supuesto, no haya oído hablar de Bobby Fischer, o lo que oyó no le dijera nada.

Pero en 1972 este hombre, si solo un hombre, tiro por tierra a toda la escuela soviética de ajedrez, que en la U.R.S.S. no era una escuela cualquiera, era la culminación del sistema educativo soviético y la mayor joya de la corona del socialismo real, como entonces se llamaba a la dictadura rusa.

Jóvenes, por aquel entonces, muchos nos quedamos admirados de su juego, su mente y su actitud. Nos ganó a todos para el ajedrez.

Ese juego milenario de origen incierto, unos lo sitúan en Egipto, otros en la India y hay quien dice que deriva de un antiguo juego chino. Vaya usted a saber de donde viene. Lo importante, para mi, no es su procedencia solo me interesa el juego en si.

No se equivoque, si profundiza en él, puede acabar en la obsesión, la neurosis o la locura más absoluta, tal es su capacidad de absorción y dominio de nuestra mente. Mantenga una prudente distancia, juegue, estúdielo, piense y analice, pero jamás, y digo jamás, se enamore de él.

Otras cosas de este mundo, sobre todo personas, merecen mejor atención.

miércoles, 8 de septiembre de 2004

Luís de Góngora y Argote II

Entre los sueltos caballos …

Luís de Góngora y Argote, poeta que fue.

Entre los sueltos caballos
de los vencidos Cenetes,
que por el campo buscaban
entre la sangre lo verde,

aquel español de Orán
un suelto caballo prende,
por sus relinchos lozano,
y por sus cernejas fuerte,

para que le lleve a él,
y a un moro cautivo lleve,
un moro que ha cautivado,
capitán de cien jinetes.

En el ligero caballo
suben ambos, y él parece,
de cuatro espuelas herido,
que cuatro alas le mueven.

Triste camina el alarbe,
y lo más bajo que puede
ardientes suspiros lanza
y amargas lágrimas vierte.

Admirado el español
de ver cada vez que vuelve
que tan tiernamente llore
quien tan duramente hiere,

con razones le pregunta,
comedidas y corteses,
de sus suspiros la causa,
si la causa lo consiente.

El cautivo, como tal,
sin excusas le obedece,
y a su piadosa demanda
satisface deste suerte:

«Valiente eres, capitán,
y cortés como valiente:
Por tu espada y por tu trato
me has cautivado dos veces.

Preguntado me has la causa
de mis suspiros ardientes,
y débote la respuesta
por quien soy y por quien eres.


En los Gelves nací, el año
que os perdistes en los Gelves,
de una berberisca noble
y de un turco matasiete.

En Tremecén me crié
con mi madre y mis parientes
después que perdí a mi padre,
corsario de tres bajeles.

Junto a mi casa vivía,
porque más cerca muriese,
una dama del linaje
de los nobles Melioneses,

extremo de las hermosas,
cuando no de las crueles,
hija al fin de estas arenas,
engendradoras de sierpes.

Cada vez que la miraba
salía un sol por su frente,
de tantos rayos ceñido
cuantos cabellos contiene.

Juntos así nos criamos,
y Amor en nuestras niñeces
hirió nuestros corazones
con arpones diferentes.

Labró el oro en mis entrañas
dulces lazos, tiernas redes,
mientras el plomo en las suyas
libertades y desdenes.

Apenas vide trocada
la dureza de esta sierpe,
cuando tú me cautivaste:
¡Mira si es bien que lamente!»

«Esta es la causa, español,
que a llanto pudo moverme;
Mira si es razón que llore
tantos males juntamente.»

Conmovido el capitán
de las lágrimas que vierte,
parando el veloz caballo,
pare sus males promete.

«Gallardo moro, le dice,
si adoras como refieres,
y si como dices amas,
dichosamente padeces.

¿Quién pudiera imaginar,
viendo tus golpes crueles,
cupiera un alma tan tierna
en pecho tan duro y fuerte?

Si eres del Amor cautivo,
desde aquí puedes volverte,
que me pedirán por voto
lo que entendí que era suerte.

Y no quiero por rescate
que tu dama me presente
ni las alfombras más finas
ni las granas más alegres.

Anda con Dios, sufre y ama,
y vivirás, si lo hicieres,
con tal que cuando la veas
hayas de volver a verme.»

Apeóse del caballo,
y el moro tras él desciende,
y por el suelo postrado
la boca a sus pies ofrece.

«Vivas mil años, le dice,
noble capitán valiente,
pues ganas más con librarme
que ganaste con prenderme.

Alah se quede contigo,
y te dé victoria siempre
para que extiendas tu fama
con hechos tan excelentes.»

Luís de Góngora y Argote

Amarrado al duro banco... (Fragmento)

Luís de Góngora y Argote, poeta que fue.

Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forzado de Dragut
en la playa de Marbella
se quejaba al ronco son
del remo y de la cadena:


"¡Oh sagrado mar de España,
famosa playa serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias!,
pues eres tú el mismo mar
que con tus crecientes besas
las murallas de mi patria,
coronadas y soberbias,
tráeme nuevas de mi esposa,
y dime si han sido ciertas
las lágrimas y suspiros
que me dice por sus letras,
porque si es verdad que llora
mi cautiverio en tu arena,
bien puedes al mar del Sur
vencer en lucientes perlas.

Dame ya, sagrado mar,
a mis demandas respuesta,
que bien puedes, si es verdad
que las aguas tienen lengua,
pero, pues no me respondes,
sin duda alguna que es muerta,
aunque no lo debe ser,
pues que vivo yo en su ausencia.

¡Pues he vivido diez años
sin libertad y sin ella,
siempre al remo condenado
a nadie matarán penas!"


En esto se descubrieron
de la Religión seis velas,
y el cómitre mandó usar
al forzado de su fuerza.

La desgracia del forzado,
y del corsario la industria,
la distancia del lugar
y el favor de la Fortuna,
que por las bocas del viento
les daba a soplos ayuda
contra las cristianas cruces
a las otomanas lunas,
hicieron que de los ojos
del forzado a un tiempo huyan,
dulce patria, amigas velas,
esperanzas y ventura.

Vuelve, pues, los ojos tristes
a ver cómo el mar le hurta
las torres, y le da nubes,
las velas, y le da espumas.
Y viendo más aplacada
en el cómitre la furia,
vertiendo lágrimas, dice,
tan amargas como muchas:


"¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?


Ya no esperen ver mis ojos,
pues ahora no lo vieron,
sin este remo las manos,
y los pies sin estos hierros,
que en esta desgracia mía
Fortuna me ha descubierto
que cuantos fueron mis años
tantos serán mis tormentos.


¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?


Velas de la Religión,
enfrenad vuestro denuedo,
que mal podréis alcanzarnos
pues tratáis de mi remedio.

El enemigo se os va,
y favorécele el tiempo
por su libertad no tanto
cuanto por mi cautiverio.


¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?


Quedaos en aquesa playa,
de mis pensamientos puerto;
quejaos de mi desventura,
y no echéis la culpa al viento.

Y tú, mi dulce suspiro,
rompe los aires ardiendo,
visita a mi esposa bella,
y en el mar de Argel te espero.


¿De quién me quejo con tan grande extremo,
si ayudo yo a mi daño con mi remo?"

lunes, 6 de septiembre de 2004

Pregunta

Ya se que no debía plantearla

Pregunta¿Es posible ser feliz sin comprometerse?

¡Se atreve alguien a contestarla!.

Estoy abierto a posibles respuestas, la tuya también.

Deseo que me contesteis. Ánimo.

miércoles, 1 de septiembre de 2004

La verdad

Por propia experiencia

¿La verdad?Que razón tenía aquel que dijo: ¡La verdad os hará libres!.

Por contraposición, digo yo, la mentira os hará esclavos.

Esclavos del remordimiento, la desesperación y la ignominia.

Deseamos decir y vivir en la verdad, no precisamente la revelada, sino aquella que nos permite el acercamiento al otro sin engaño, y nos recompensa con buena conciencia y tranquilidad de espíritu.

¿Por qué, entonces, no la practicamos?.

Cobardía, tal vez, miedo a las situaciones, a lo mejor, falta de coraje, puede ser, o vaya usted a saber que otras disculpas nos buscamos.

Apliquémonos el cuento: ¡La verdad nos hará libres!, palabra de honor.