lunes, 7 de junio de 2004

Higiene mental

Incompetencia

IncompetenciaLa vida media de una persona, en lo que conocemos por mundo occidental, aproximadamente ronda los ochenta años. Este espacio de tiempo, es minúsculo, con relación al que la humanidad lleva sobre la tierra. Una vida individual, una gota en un océano.

No obstante, una sola vida puede cambiar el curso de la historia, para bien o para mal.

¿Quién no se acuerda de: Alejandro Magno, Julio Cesar, Napoleón Bonaparte, Hitler, Truman, Pitágoras, Platón, Aristóteles, Descartes, Einstein, Pasteur, Keynes, Marx y tantos otros y otras, que en el Mundo han sido?.

La vida de una persona, que en su tiempo fue admirada por sus coetáneos, la historia puede que ni recuerde. Lo que algunos llaman injusticia histórica otros tal vez, prefieran calificar de profilaxis higiénica.

Hay, hubo y habrá individuos cuya especialidad es, era y será el trabajo sucio de la sociedad, que los coloca en puestos apropiados a su catadura moral. Véase el caso del Secretario de Defensa de USA, Rumsfeld, de quién Henry Kissinger, otro que no es manco, dijo: Es la persona más despiadada que conozco.

Muchas veces los puestos más duros, tanto en la administración pública como en la privada, se cubren, no con el mejor, sino con él que mejor estómago tiene.

Así nos encontramos con jefes de personal de empresas punteras, cuyo nivel de incompetencia fue superado dos o tres puestos anteriores, contraviniendo todas las reglas del Principio de Peter, bueno mejor dicho les han aplicado dos o tres ascensos laterales en el tratado de la jerarquiología o lo que es lo mismo las estructuras jerárquicas, él tal principio dice: Toda persona dentro de una estructura jerarquica tiende a ascender en ella, hasta que llega a su nivel de incompetencia. Les recomiendo la lectura de este libro, ameno e instructivo, a la par que lúcido y clarificador.

¿Y por qué pasa eso?, preguntará alguno. Una explicación es, tienen las tragaderas más grandes que su propia ambición, lo que les permite mirar para otro lado, mientras su mano hace el trabajo sucio, para él que fue contratado.

Por regla general, los incompetentes tienen el empleo más cabrón, el resto escapa. No cambiaran el mundo de golpe, pero nos hacen la vida diaria muy desagradable. Para ellos esta victoria, pírrica, es la gloria, para el resto una desgracia del sistema, que procuramos olvidar para conservar la cordura, pura higiene mental.

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