sábado, 8 de mayo de 2004

Paso libre

Carta abierta a D. Manuel Fraga Iribarne

Manuel Fraga Iribarne

Santiago de Compostela, 8 de Mayo de 2004

Respetado D. Manuel:

Mis primeros recuerdos de usted, son las crónicas que leía en La Voz de Galicia que sobre su actividad frenética inaugurando Paradores, fiestas de pueblo y queimadas diversas, el dicho diario publicaba. Sobre todo en aquellos veranos soporíferos, políticamente hablando, que usted animaba.

Tuve por aquella época, una estrecha relación con su presencia física aunque, presumo, no reparó en ello.

Era yo un ser que estaba dejando de ser un rapaz, pero todavía no tenía la consideración social de adolescente, que muchas mañanas de domingo veraniego oía misa a escasos dos metros de su ministerial persona, frecuentaba la misma playa de Perbes e incluso nos bañamos juntos más de una vez. Usted llegaba hasta la orilla del mar en albornoz, yo era más liberal.

Una tarde calurosa, para entretener el tiempo de tres horas que, nuestras madres nos fijaban después de las comidas hasta el primer baño vespertino, mi primo Andrés, de mi edad, y yo, nos aventuramos con la marea baja a explorar las rocas, y sus muchos vericuetos, que separan las dos playas de Perbes.

Cuando pusimos el pié en la playa pequeña oímos un silbido, como si una avispa supersónica nos hubiera sobrevolado. Acto seguido unas fuertes voces, acompañadas de otros gestos no menos explícitos, nos conminaron a retroceder sobre nuestros pasos.

Era usted que en compañía de su hijo, también un muchacho, debidamente custodiados por una pareja de la Guardia Civil, desde unos treinta metros nos obligaba a volver. Es verdad que no nos dijo exactamente “La playa es mía”, como años después indicó de la calle, tampoco tuvimos ganas de saber que decía.

Inmediatamente nos dimos cuenta de lo que pasaba, al ver el fusil que en sus manos tenía. Estaba haciendo prácticas de tiro para afinar la puntería, después de haberle propinado una perdigonada, en salva sea la parte, a la hija del Jefe en el curso de una cacería, como se comentaba por aquel entonces.

Naturalmente, a partir de aquello, procuré guardar prudente distancia con su persona.

Los niños tienen estas cosas, se fijan en todo y nadie se fija en ellos.

Los siguientes años seguí, siempre por los periódicos, su vida política. El caso Matesa que con la Ley de Prensa, por usted inspirada, puso patas arriba las entretelas del régimen. Curiosamente usted fue el principal damnificado al perder su ministerio, aunque a la larga le hicieron un favor. Las malas lenguas lo hacían instigador de aquel, para muchos, golpe de mano.

Su época de embajador con sus trajes a rayas, que honestamente le digo no le favorecían como tampoco lo hacen a la mayoría de los hombres, me figuraba que estaba prisionero en un exilio dorado en Londres.

La fundación en plena dictadura de aquel grupo de estudios políticos cuyo nombre no acuerdo, embrión de un futuro partido político, me demostró que tiene usted un par de narices.

La transición democrática hizo de usted figura de primera línea, si es que alguna vez dejo de serlo, su olfato político le permitió situarse a la cabeza de una derecha, que necesitaba una reconversión.

Después de dejar la Presidencia de Alianza Popular, aterriza en Galicia y consigue con mayoría absoluta, una, otra, otra y otra vez, el reconocimiento de sus paisanos. Esto es de nota, no en balde en su carrera académica siempre apostó a la matrícula de honor.

Poco a poco, su evolución merece ser estudiada en los textos de Ciencias Políticas, ha ido consiguiendo de su figura, sino el aprecio, al menos el general respeto. Que no es moco de pavo.

Quiero suponer, contra lo dicho muchas veces en público, que tiene una espina clavada por los modos y maneras de sus cachorros sucesorios en Madrid.

Su trabajo en esta tierra gallega está a la vista de todos. Ha hecho lo que ha querido, podido o le han dejado. No soy yo quien para juzgarle.

Pues bien, D. Manuel. ¿No ha llegado el momento histórico oportuno, para abrir el paso a otras generaciones que también quieren trabajar por su país?.

Usted tiene la respuesta.

Atentamente,

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