sábado, 3 de abril de 2004

Obsesión

¿Es buena en política?

Obsesión

Pregunta: ¿Es bueno que un gobernante sea esclavo de su obsesión?.

Respuesta: ¿Por ejemplo?.

La conjura judeo-masónica, por ejemplo.

Es posible que usted diga, ¡Hombre no!.

Y si le pregunto: ¿Y del terrorismo?.

Según su color político o manera de pensar, puede que conteste:

No, claro que no.
Es el mal de nuestros días.
Quizás.
Sí, naturalmente que sí.

Por supuesto hay muchas posibles respuestas, pero déjeme que centre mi reflexión en estas cuatro.

No, claro que no: Un gobernante no se puede permitir el lujo de tener obsesiones, debe gobernar con la cabeza y el interés general, sin anteponer sus opiniones y deseos a la razón de estado, que consiste simple y llanamente en el bien común. Sin utilizar grandes palabras para eliminar la crítica y la diversidad de opiniones. Precisamente el terrorismo tiene que unir y no disgregar. Dialogo con otras fuerzas políticas y no imposición de la propia opinión.

Es el mal de nuestros días: La guerra de los pobres, dicen algunos. El gobernante debe conseguir el mayor acuerdo político, para combatir con eficacia esta lacra. La obsesión nunca es buena.

Quizás: Es muy difícil escapar a la obsesión cuando el mal está tan presente. Comprendo al gobernante y apoyo su lucha, aunque debería entender otras opiniones y concertar más voluntades.

Sí, naturalmente que sí: Cuando el enemigo te declara la guerra hay que luchar sin cuartel, y el que no lo entienda así, que se rinda. Debe liderar la lucha para ganar, ya hablaremos después cuando acabe la batalla. Todos juntos sin fisuras de traidores.

Todo muy esquemático, ¿verdad?.

¡Seguro que usted tiene su propia opinión!

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