miércoles, 12 de noviembre de 2003

La mala educación

La mala educación
(Leido en la página personal de Javier Sempere - http://www.everlandia.com/).

Una WEB

Me molesta extraordinariamente la gente maleducada. Tal vez esté un poco anticuado, pero creo que la grosería es un pecado intolerable, comparable en culpa a cualquier otra forma de maldad.

Las situaciones desagradables o incómodas, manejadas con cortesía, generalmente se terminan resolviendo u olvidando. Pero si al problema se le añade la ofensa gratuita de una zafiedad innecesaria, pueden generar un resentimiento intenso y duradero.

Un caso particularmente desagradable es el de la gente que no devuelve las llamadas de teléfono. El esfuerzo de devolver una llamada es tan pequeño que nada justifica su omisión, y sin embargo hay quien decide prescindir de tan somero engorro.

Un ejemplo clásico es el del posible cliente que te pide un proyecto. Se pone en contacto contigo, le vas a ver, te cuenta su película y te pide que le hagas una propuesta. Dedicas un par de días a estudiar su problema, y luego le preparas una presentación explicándole las soluciones que planteas y el presupuesto correspondiente. Por la razón que sea, el proyecto no se aprueba. Y tu cliente no sólo no considera que deba hacer el esfuerzo de llamarte por teléfono para decírtelo, sino que ni siquiera te devuelve la llamada cuando le llamas para hablar con él.

Otro caso de grosería son los plantones. Concertar una cita, no acudir a ella y no avisar es un comportamiento tan incomprensible que en un universo paralelo cualquiera pensaría que jamás se produce. Pues a mí me ha pasado ya un par de veces en lo que va de año. En ambos casos la culpable fue una sobremesa que se había prolongado más de la cuenta. Y en ambos casos, a mi interlocutor una disculpa a posteriori le pareció reparación suficiente, sin mostrar señal alguna de que se le cayera la cara de vergüenza.

La impuntualidad es también una forma de grosería. Una manera que tiene alguna gente de decirte que no valora tu tiempo, y que lo mejor que puedes hacer con él es dedicarlo a esperarle. La puntualidad es la cortesía de los reyes, se decía en otro tiempo. Y la impuntualidad, cuando el tiempo a nadie nos sobra, una afrenta difícil de justificar.

Por último están los pesados. Esa gente que se siente con derecho a disponer de mi tiempo como si no tuviera otra cosa mejor que hacer. Generalmente empieezan diciendo "perdona que te moleste", y a continuación te embarcan en un marrón de cuidado del que te resulta muy violento escaparte.

La buena educación no depende del origen social ni de la formación académica de la persona. Es más bien un rasgo del carácter, una virtud cuyo cultivo demuestra respeto hacia el prójimo y belleza de espíritu. El hecho de que tan poca gente lo valore y la sociedad no lo recompense dice muy poco del mundo en que vivimos.

Copyright © 2000 Javier Sempere.

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