martes, 11 de noviembre de 2003

Don Guido

Antonio Machado

Antonio Machado Antonio Machado.

Al fin, una pulmonía,
mató a Don Guido y están,
las campanas todo el día,
doblando por él, din-dan.

de joven muy jaranero,
muy galán y algo torero,
de viejo gran rezador.

Dicen que tuvo un serrallo,
este señor de Sevilla,
que era diestro, en manejar el caballo,
y un maestro, en refrescar manzanilla.

Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía,
pensar que pensar debía,
en asentar la cabeza.

Y asentola,
de una manera española,
que fue a casarse con una
doncella de gran fortuna.

Y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones,
de su casa, a escándalos y amoríos,
ponen tasa, sordina a sus desvaríos.

Gran pagano, se hizo hermano
de una Santa Compañía,
los Jueves Santo, salía
llevando un cirio en la mano.

¡Aquel trueno, vestido de Nazareno!.

Hoy nos dicen las campanas,
que han de llevarse mañana,
al buen Don Guido, muy serio,
camino de cementerio.

Su amor a los alamares,
a las sedas, a los oros,
a la sangre de los toros y
al humo de los altares

¡Ho!, fin de una aristocracia,
la barba canosa y lacia,
sobre el pecho, metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
tan formal, el caballero andaluz.

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